martes, 23 de abril de 2013

Leyendas Aztecas.

El Sol y la Luna.
El primer sol, el sol del tigre, nació en 955 a.c. Pero al final de un largo periodo de 676 años, el sol y los hombres fueron devorados por los tigres.
El segundo sol era del viento. El fue llevado por el viento y todos los que vivían sobre la tierra, y quienes se colgaban de lo arboles para resistir a la tempestad se transformaron en monos.
Vino a continuación el tercer sol, el sol de la lluvia. Una lluvia de fuego que se abatió sobre la tierra, y los hombres se transformaron en pavos.
El cuarto sol, el sol del agua, fue destruido por las inundaciones. Todos los que vivían en esta época se transformaron en peces.
El agua recubrió todo durante 52 años.

Pensativos, los dioses se reunieron es Teutihuacan:
-¿Quien se va encargar ahora de traer la aurora sobre la tierra?
El señor de los caracoles, celebre por su fuerza y su belleza, hizo un paso adelante:
-Yo seré el sol, dijo el.
-¿Alguien mas?
Silencio.
Todos miraron al pequeño Dios sifilítico, el mas feo y desafortunado de los dioses, y decidieron:
-Tu.
El señor de los caracoles y el pequeño Dios sifilítico se retiraron a las montañas, que hoy son las pirámides del Sol y la Luna. Allá, en ayunas, meditaron.
Luego los dioses formaron una inmensa hoguera ardiente, el sueño fruncido. Avanzo, retrocedió, se detuvo, dio varias vueltas. Como no de decidían, exasperados, los dioses lo empujaron. Pero antes de que se elevara en el cielo, los dioses, furiosos, lo abofetearon  y le pegaron en la cara con un conejo, tanto que le retiraron su resplandor.
Fue así que el arrogante señor de los caracoles se volvió la Luna. Las manchas de la luna son las cicatrices de su castigo.
Pero es sol resplandeciente no se movía.
El gavilán de obsidiana voló hacia el pequeño Dios sifilítico y le pregunto:
-¿Porque no re mueves?
Y respondió  el, el menospreciado, el purulento, el jorobado, el cojo:
-Porque yo quiero la sangre y el reino.

Este quinto sol, el sol del movimiento, ilumino a los toltecas e ilumino a los Aztecas. Tenia garras y se alimentaba de corazones humanos.



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